Cuando rayaba el sol de aquel día, cuando apenas los gallos se asomaban a cantar, cuando las grecas colaban el aromático café de la mañana, desde diferentes puntos del país, barrios, bateyes, residenciales, municipios y provincia jóvenes cargados de ilusiones  caminaban en una sola dirección y con una decisión  común; vestir un uniforme de camuflaje, cargar un fusil, servir a la patria.

El almanaque marcaba martes 14 de enero, en el reloj se leían las 6:00 a.m.,  en el estómago se sentía un nudo y los ojos giraban contemplando todo alrededor, era un mundo nuevo para los y las imberbes que nos disponíamos  a vestir uniformes.  Para los varones la peculiar recortada de cabello que indicaba que ya tu nombre cambiaría por el de recluta. La típica voz que escuchabas en casa de tu madre cambiaria, pues por la voz de mando de algún sargento o un cabo con sed de mandar… Allí comenzaba todo, lo que sería una carrera, donde como siempre sobreviviría el más fuerte. Allí nacía la promoción General Eugenio miches.

La sincronización indicaba que en la base aérea, en la explanada de la entonces Secretaría de las Fuerzas Armadas y en la dirección general de entrenamientos del entonces Ejército Nacional, así como en la base naval de las calderas en Baní se conformaban los pelotones, se repartían los chamacos, se entregaban las cantimploras, arnés, y la famosa carabina Cristóbal de fabricación local. Hermoso momento de la primera formación militar, inquietante momento aquel de entrar a un cuartel y que te asignaran un camastro y una caja de madera que sería el lugar para guardar tus pertenencias y descansar. Desconsolador momento de aquella primera entrada al comedor y llevar a tu paladar lo que desde ese momento conocerías como el “chao”.

Aquel primer día que es inolvidable para todo aquel o aquella que haya calzado botas militares, las impresiones de ese día quedan marcadas como tinta indeleble en la memoria más allá de los años. Ese momento cuando aún la vida militar es todo lo que has oído, historias de héroes, fusiles, desfiles que erizan la piel, cuando aún no tropiezas con algunas realidades.

Esa primera noche no duermes o duermes muy poco  repasando en tu mente todas las cosas nuevas vividas ese primer día, hablando con tus compañeros o compañeras que luego serán tus garras, discutiendo y definiendo quién se quebrará primero, cuál no aguantará el centro. A las 4:00 a.m. te sorprende la diana, un agudo sonido de corneta  de dos notas que indica que el día ha comenzado, seguido de una estruendosa voz que desde el fondo y centro del cuartel grita ¡pie! Así comienza la vida militar…

Hoy , a catorce años de aquel día,  aún me emociona escribirlo y recordarlo. Fue el primer día de muchos, fue el principio de una nueva familia que lleva por nombre PROMOCION,  con los cuales corrí, desfilé, disparé mi primer arma, aprendí los principios básicos de la disciplina militar, con los cuales amé a la patria y junto a los cuales un 25 de febrero juré lealtad a la bandera, al momento de besar el lienzo y cantar el himno en honor al general Matías Ramón Mella, padre la patria en aquel acto de beso y juramento a la bandera.

A mis compañeros y compañeras de promoción que aún están en las filas y que ya casi todos y todas son oficiales, felicitarles y a la vez recordarles que el juramento y el compromiso es con la patria, implorarles que no se aparten de ese principio, que se mantengan firmes en el cumplimiento de su deber como ciudadanos y ciudadanas de uniforme, que más allá y sobre todas las cosas ustedes son hijos e hijas del barrio, del batey, del campo y la provincia, que la vida militar es un sentimiento y no un camino hacia la riqueza indebida, que aunque hoy reinan los malos ejemplos entre los militares, la promoción Eugenio Miches sigue firme en preservar los principios que le dieron origen y que esta como otras está llamada a adecentar la carrera militar.

Recuerden siempre esa primera pechada, aquel primer abajo en pies. Nunca olviden los recorridos, los pasos dobles, mantengan presente  cuanto se sudó, se sufrió, cuánto de sacrificio hay en ese uniforme, cuántas lágrimas hay para cada medalla en sus pechos, para cada sello en sus uniformes, cuántas horas ha costado cada ascenso y cada diploma. Ustedes son el relevo, no claudiquen, no se dejen sobornar ni amedrentar por los malos hijos de las Fuerzas Armadas.

Los que ya no estamos dentro seguimos aquí, creyendo en ustedes como el primer día, y creyendo que la decisión tomada ese 14 de enero de 2003 sigue siendo una de las mejores decisiones que pudimos haber tomado, que salimos de las filas de la mejor manera y en tiempo oportuno pero sin dejar de sentirnos parte de la promoción y sin dejar de amar a la patria por la cual seguimos luchando desde otros escenarios.

¡Viva la patria, viva la promoción general Eugenio Miches!

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Snayder Santana

El Grillo