Síntomas de un colapso inminente

Recientemente, un alto dirigente de uno de los partidos mayoritarios del país aseveró que el actual Canciller de la República está, en varios aspectos, mejor preparado para ocupar la presidencia del país que lo que lo estaba en su tiempo el Profesor Juan Bosch y el Dr. José Francisco Peña Gómez. Actualmente, el video de la entrevista concedida por el dirigente en cuestión circula en las redes y en algunos espacios informativos de la Internet, provocando todo tipo de reacciones negativas e inclusive, siendo objeto de noticia en diarios tan reconocidos como el periódico “Hoy”.

Las reacciones no son para menos, pero igual, la situación es comprensible, pues el señor a quien aludimos no hace más que emplear un argumento no solo escaso de razón, sino también algo desatinado. Los pocos segundos que duró la sorprendente afirmación sirvieron para que el personaje de circo se convirtiera gratuitamente en el principal vocero de la fétida descomposición en la que se encuentran, sino todos, al menos la mayoría de los altos dirigentes que trazan las pautas a seguir a lo interno de los partidos políticos. Es lamentable que el hedor que desprende la descomposición del sistema partido alcance el pedestal en el que se encuentran las memorias históricas de Juan Bosch y el Dr. José Francisco Peña Gómez.

Cuando una sociedad comienza a desvalorar a quienes deben servir como referencia conductual se embulle en su propia perdición, y parece presentar síntomas de un cáncer que pudiera dar al traste con un resultado mortal. El dirigente en cuestión se hizo reo de su propia palabra, revelando sin comedimientos su oscuro sentir y su pensamiento desorientado, pero igual, la clase política que nos dirige incurre en el mismo pecado cuando reconocen los valores inmortales de nuestros líderes históricos, pero omiten al propio tiempo las actuaciones que honrarían sus memorias. Vender un partido político, que se fundó con el propósito de combatir unas de las más terribles dictaduras que se establecieron en el Caribe, y que se forjó luego en la lucha constante por la democratización de un país, es un acto de peor latrocino que una alocada aseveración.

Llegar al poder, y con ello renunciar a los principios rectores de la organización política encumbrada, es sin duda un acto de traición histórica que no haya comparación con la estupidez de un argumento. En la actualidad, los partidos políticos no encuentran unión en torno a una ideología, ni siquiera en rededor de un pensamiento liberal, sino que lo único que los cohesiona es el amor desenfrenado al poder, y la búsqueda constante de influencias para satisfacer al final sus pretensiones ulteriores. El irrespeto es la constante, y el despotismo su doctrina, siendo pues los partidos políticos instituciones quimeras de la fracción del pueblo que aún se encuentra engañado, o de aquella parte que simplemente no sabe hacia dónde mirar.

En definitiva, en el país se están suscitando síntomas que advierten un colapso inminente: transfuguismo, partidos que se venden, desvalor, clientelismo, y dirigentes destacados que en vez de comportarse, lo que hacen es decepcionar a los oyentes con argumentaciones tan ridículas como alocadas.

¡Que viva el Prof. Juan Bosch y que viva el Dr. José Francisco Peña Gómez!

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Juan A. Liranzo

El Grillo

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