La Poliarquía en República Dominicana

En los últimos años  se le ha dado amplia cobertura mediática a las penurias de los inmigrantes haitianos en la República Dominicana.  Bajo la actual administración del Presidente Danilo Medina (2012/2016), en el 2013, el Tribunal Superior Constitucional desnacionalizó  a más de 200,000 dominicanos de descendencia haitiana y, con eso, estos perdieron su ciudadanía.  Esta acción fue extensamente denunciada y condenada por grupos de derechos humanos y movimientos sociales.

La referida disposición del tribunal ha contribuido a intensificar el estado de  vulnerabilidad de los inmigrantes haitianos y de sus descendientes, hombres y mujeres súper explotados, perseguidos por considerarse “indocumentados” y por motivo racial.

Se asegura que entre 700 mil y un millón de ciudadanos haitianos y sus descendientes viven en la República Dominicana, esto es,  del 7 % al 10% del total  la población dominicana.  Muchos otros dominicanos más podrían posiblemente, identificar su ancestralidad a Haití.

Ese panorama de exclusión en el que se desenvuelven las  pobres comunidades haitianas en territorio dominicano conduce a la interrogante:  ¿cuál es el futuro que le espera  a esos trabajadores, estudiantes e inmigrantes en un país, que como el dominicano,  tiene que adecuarse a las nuevas exigencias del mundo globalizado? Más aún, ¿cómo  en medio de esta globalización, los haitianos se ven forzados a vivir en este nivel de exclusión?

Los cambios estructurales  asociados con el surgimiento del capitalismo global están profundamente interconectados con los conflictos que se están desatando entre las clases y grupos sociales en ambos países: República Dominicana y Haití.  La indetenible ola migratoria haitiana hacia Santo Domingo, como la de los dominicanos a Estados Unidos y Europa, es parte de la inmigración global que en las últimas décadas es directamente proporcional al incremento de la pobreza y la concentración de las riquezas en cada vez menos manos, además de los progresivos problemas de guerra y violencia por diferentes circunstancias.

En esta era del capitalismo global, mantener la integración de las naciones no está motivada por la idea de contribuir al desarrollo de las economías nacionales, a la creación de empleo dignos o de transformar, para bien, los medios productivos de la fuerza laboral,  y menos mejorar la calidad de vida de las personas.  Por el contrario, la intensiva y extensiva expansión del capitalismo, con nuevos e insaciables procesos de  acumulación primaria de riqueza, proliferación de la revalidación y proletarización son partes fundamentales de esa economía global actual.

Conforme el poder laboral se ha ido sometiendo en las cadenas de valor trasnacional, el 1% que controla la sociedad global va, simultáneamente, ganando palmo a palmo  fabulosa riqueza y poder, de ahí el esfuerzo concertado de esa clase dominante en el actual escenario internacional.

Si examinamos la estrategia política de esos grupos dominantes, a la vanguardia durante las últimas décadas, observamos que su fundamento se encuentra en  el “poliarquía”, esto es, procesos de elecciones democráticas que limitan a la población a seleccionar entre los diferentes agrupamientos de las solas élites afines, reduciendo a su mínima posibilidad de competir otras con intereses diferentes.

En el caso de la política exterior de los Estados Unidos  durante las décadas 1970 y 1980, los estrategas estadounidenses conjuntamente con funcionarios de algunas agencias como la ONU, la UE, etc., promovieron la “poliarquía” como parte de los mecanismos de control del resto del mundo.  El concepto que el término contiene es que: Si se puede minimizar las diferencias ideológicas, la competición electoral no solamente deja de presentar una amenaza a los intereses creados, si no que también sirve como un medio importante para legitimar las acciones de los que dirigen la sociedad.

El sociólogo William I. Robinson apunta: “La acumulación fluida global requiere sistemas políticos flexibles, los cuales permitan la competición y la circulación entre las élites, y la incorporación consensual de las masas.” Eso explica el cambio metodológico de control de las masas en las últimas décadas del siglo XX: en vez de ser incorporadas de forma coartada, gobernadas por dictaduras, se aplicó el sistema de “poliarquía”.

Este escenario, con su dinámica particular local, está visible de forma fehaciente en la República Dominicana, ya que su moderno de sistema político fue instaurado durante los años de 1960, a raíz de la segunda invasión de los Estados Unidos (abril de 1965).  El actual “establishment”, principal marco político del país aun cuando los agentes internos entren en contradicciones, procura facilitarse a sí mismo y beneficiarse de esta “nueva normativa”.

Conforme se ha ido profundizando la inequidad, prominentes sectores de negocios y de subcontratistas dominicanos han consolidado sus relaciones con las industrias globales, de tal modo que su propia reproducción local se encuentra ahora interconectada con las inversiones y negocios globales.

Por tanto, la economía dominicana es inseparable de las redes del capital trasnacional, donde juega para esto el rol importante de haber sido la mayor receptora de Inversión Foránea Directa (“FDI” por sus siglas en inglés-“Foreign Direct Investment”) en la Cuenca del Caribe. Luego pasó a ser líder en la región como modelo  de las zonas de proceso de exportación (“EPZ” por sus siglas en ingles-“Export Processing Zones”), pasando por el turismo global y la industria de cruceros.

Estableció  records con nuevas áreas portuarias cerradas, campos de golf y playas privadas.  Según estos enclaves de un sistema de facto de apartheid social, la propaganda del concepto económico de “trickle down economics”, es decir el capitalismo que supuestamente circula hacia abajo, se va desenmascarando, como revelan las funestas estadísticas.

Por ejemplo, el 53.8% de la población dominicana vive en pobreza y en pobreza extrema, mientras que más del 26% de la población joven en edad de trabajar no está ocupado.

Paralelamente a todo eso, más del 45% del territorio ha sido concesionado a empresas trasnacionales, para la explotación minera, las fuentes hidrográficas y proyectos inmobiliarios, todo en detrimento de los recursos naturales, el medio ambiente, la biodiversidad y protección del suelo.

Pero en forma concreta, ¿cómo se ha venido desarrollando la “poliarquía” en la República Dominicana? Tomemos como ejemplo las próximas elecciones programadas para el 15 de mayo.

Las raíces históricas del sistema electoralista dominicano

Luego de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo (1930-1961), el profesor Juan Bosch se convirtió en el primer presidente democráticamente electo, en el mes de diciembre de 1962. Siete meses después, en septiembre de 1963, fue depuesto por un golpe de estado militar de corte derechista. Semanas después de este último hecho, se desencadenó un escenario de gran inestabilidad política y movilizaciones sociales que finalmente desembocó en la confrontación cívico/militar del 24 de Abril de 1965,  conocida como la Revolución Constitucionalista, que abogaba por el retorno del profesor Juan Bosch y la Constitución de 1963.

Cuatro días después, ante una inminente derrota de la resistencia militar derechista, las tropas de los Estados Unidos desembarcaron el 28 de abril, para perpetrar la segunda invasión a esas tierras (la primera en 1916), y asegurar el mantenimiento de un gobierno que respondiera a los intereses estadounidenses. Se forzó un pacto, en el mes de septiembre, y se convocaron a elecciones, cuyo montaje aseguró la imposición del Dr. Joaquín Balaguer, presidente del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), un colaborador trujillista, que ocupó todas las funciones públicas importantes durante la dictadura, incluyendo la presidencia de la República, además de ser una persona de gran confianza de los Estados Unidos.

Durante doce años, Balaguer gobernó bajo las órdenes estadounidenses, donde el crimen, la represión, la ausencia de libertades y la corrupción se convirtieron en las principales características del control del Estado.

Para finales de la década de 1970, el modelo balaguerista estaba visiblemente agotado,  y en las elecciones de 1978, la población  votó mayoritariamente por el candidato opositor Antonio Guzmán Fernández, del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), fundado por el profesor Juan Bosch en 1939. A partir de ese momento, los procesos electorales respondieron al juego del esquema tripartidismo y el bipartidismo, entre el PRD,  el PLD (Partido de la Liberación Dominicana, también fundado por Bosch en 1973), y el PRSC (Partido Reformista Social Cristiano).

Las principales características de los gobiernos y la alternabilidad entre 1966 hasta el 2015, como expresiones concretas de la aplicación de “poliarquía” han sido:

1966 a 1978:  Gobierno orientado hacia el desarrollismo de la infraestructura nacional y establecimiento del modelo económico basado en servicios (zonas francas y telecomunicación), remesas, prioridad a las importaciones sobre la exportaciones agrícolas y agroindustriales, amplios privilegios al empresariado nacional e internacional y sus inversiones; mantenimiento de la pobreza y la pobreza extrema, bajo nivel de escolaridad y calidad del servicio de salud pública, y eliminación de todas las manifestaciones contestatarias de cualquier naturaleza.

1978 a 2000: Se mantiene todas las variables de los modelos del período anterior, pero se dio apertura a mayores libertades políticas y sociales, en especial al permitir conquistas parciales a los sectores populares, pero reduciendo a su mínima expresión, ideas y acciones que pudieran poner en peligro el clima de estabilidad, alternabilidad entre los actores que ostentan el control económico y político, la sociedad y el Estado.

Corresponde a este período, a partir de 1980, los diseños y primeras implementaciones de programas de reformas neoliberales, teniendo como base el “modelo Puerto Rico”: acumular elevada cantidad de “EPZs” para convertirse en centro de cruceros y parte del turismo global, a lo que se sumó la elevación indetenible del endeudamiento público.

Figuras políticas importantes, consideradas progresistas, hicieron causa común con el neoliberalismo como parte de la renovación del establisment neoliberal, tal fue el caso del líder del PRD,  José Francisco Peña Gómez, a pesar de mantener sus críticas al manejo político estadounidense y abierta defensa a movimientos revolucionarios como “los sandinistas” en Nicaragua y contra el golpe de Estado al primer gobierno democrático de Haití después de la tiranía.

El gobierno de Leonel Fernández del Partido de Liberación Dominicana (PLD) -1996/2000- se encargó del establecimiento definitivo del neoliberalismo en todas sus manifestaciones.

Del 2001 al 2015: Se mantiene en lo fundamental los elementos que sustentaron  los dos períodos anteriores, pero ahora bajo el amparo del neoliberalismo con todas sus consecuencias.

El presidente del PRD, Hipólito Mejía (2000/2004), además de profundizar las medidas y acciones neoliberales, apoyó la invasión ilegal de Irak, incluyendo el envío  de un contingente militar.  Después que las tropas dominicanas sufrieron numerosas bajas, fueron retiradas del campo de batalla.

Pero no se detuvo en esos hechos, estuvo involucrado en intrigas palaciegas.  Bajo la influencia de empresarios haitianos,   permitió que facciones de sus fuerzas armadas y ministerio de relaciones exteriores, les facilitaran a grupos neoduvalieristas, y a grupos de ex-militares haitianos, perpetrar ataques relámpago en Haití con el objetivo de derrocar al gobierno democráticamente electo en Puerto Príncipe.

Al retornar al poder el PLD en el 2006, su mayor esfuerzo fue la inserción del país en la economía global.  El institucionalmente corrupto PLD, primero bajo el presidente Leonel Fernández Reyna, y luego bajo el presidente Medina, se fue consolidando como la fuerza política dominante de  la República Dominicana través del muy bien lubricado sistema electoralista apoyado por amplios sectores empresariales del país.

El mayor éxito en la profundización de esa política de anestesia popular, la “Poliarquía”, le ha correspondido a los gobiernos del PLD (1996/2000, 2004 hasta el 2016), que han diseñado e implementado una detallada estrategia de carácter clientelista, asistencialista, parasitaria, marcada por la corrupción desde el Estado a todos los estamentos de la sociedad, e impunidad ante todas las acciones delictivas, en especial las cometidas por los integrantes del “establishment”.

A los programas asistencialistas (tarjetas de solidaridad que incluyen alimentos, medicinas, gas propano, becas para estudiantes, etc.) se ha incorporado a más de 3 millones de ciudadanos, sobre los que se ejercen presiones políticas tanto en los procesos electorales como ante las movilizaciones sociales.

A todo lo anterior se agrega que el PLD en el poder ha establecido nuevos niveles de corrupción, donde el real Estado lo representa la Comisión Política de ese organización.  En esta instancia se deciden los asuntos de los tres poderes del estado, y mas aún, todos sus miembros, son hombres y mujeres de grandes fortunas nacionales e internacionales, por lo que se ha ganado el calificativo de “La corporación” que dirige el poder y controla la sociedad, incluyendo el silencio y la manipulación de los medios de comunicación y los comunidades en más de un 98%.

Cuando un comunicador se sale de control, no tardan en aplicar represalias como ha ocurrido con los periodistas: Marino Zapete, Juan Bolívar Díaz, Huchi Lora, Juan T. H.  De no haber sido por las redes sociales, el silencio acerca de lo que realmente ocurre en el país y el mundo fuera total.

La élite política que se ha construido en torno a los tres partidos tradicionales, “poliarquía”, los conservadores y neoliberales, a lo largo de las últimas cinco décadas en la República Dominicana, se conoce como la “partidocracia” nacional, ahora profundamente dedicada  a formar parte y/o consolidar los vínculos ya establecidos con el capital trasnacional, ser parte de los negocios globales, donde el tratado de libre comercio “DR-CAFTA”, ya es un asunto de mediano interés. Por eso ya son comunes las operaciones comerciales de un número importantes de estos políticos con empresas locales con capitales mixtos, con empresas internacionales de la región, Europa, Asia y hasta el Medio Oriente.

Altas figuras del PLD tienen a ricos beneficiarios alrededor del mundo, según reveló en  2014 el entonces presidente de la República, Leonel Fernández, en su viaje al Golfo.

Asimismo, en forma paralela a estos cambiantes modelos económicos se ha ido canalizando la cambiante dinámica política dominicana.  La anterior planificación desarrollista (fomentar el crecimiento económico nacional), y los procesos económicos internacionales (los cuales ocurrieron a través de fronteras pero nunca se integraron funcionalmente las mismas) han sido reemplazados por políticas de competencia global, y un empuje para propiciar la inversión capitalista trasnacional, para lo cual sí ha sido funcional la integración a través de las fronteras.

La configuración política actual

Luego de las fallidas campañas presidenciales del 2004, 2008, y 2012, el emblemático grupo dentro del PRD conocido como “Los Viejos Robles”, se ha ido desvaneciendo o relegando a un lado.  Ahora, el nuevo liderazgo  tiene como meta montar una campana política más moderna.  La convención de esa organización, en el 2015, aprobó reemplazar la “D” (Dominicano) por la “M” (Moderno), es decir, de PRD pasó a PRM (Partido Revolucionario Moderno). Como en otros momentos de la historia política dominicana,  el PRM encaminó esfuerzo hacia la formación de coalición de fuerza opositora, con la participación de grupos de la izquierda conocida como “La Convergencia”.

Las expectativas creadas, proyectó la idea de que se convertiría en una fuerza electoral enfocada hacia las clases populares en el país.  Lamentablemente, estas esperanzas no se cristalizaron.

La campaña electoral del PRM, encabezada por Luis Abinader, un candidato considerado menos corrupto que muchos otros líderes políticos prominentes, se ha focalizado en el carácter corrupto del gobierno de Danilo Medina y los aprestos reeleccionistas.

Esa campaña anti-corrupción, que está antecedido por jornadas contra la corrupción (grupos de “cadenas humanas”, sometimiento a la justicia de funcionarios corruptos, juicios populares con los corruptos, etc.) se ha fortalecido con los recientes hechos de corrupción en el 2015 y 2016.

No obstante, conforme se han ido realineando las fuerzas, se ha hecho fehaciente que Abinader y su entorno ofrecen pocos cambiosáen comparación con las fuerzas que ostentan el poder estatal.

En un giro hacia la derecha (o quién sabe si finalmente esta enseñando  sus verdaderos colores sacando sus uñas), a finales del 2015,  Abinader/PRM hizo una alianza con el PRSC, el partido de profundas raíces de derecha, creado por el fenecido Balaguer.  Para algunos, este es “el pacto de los turcos”, por las relaciones de las familias y sectores empresariales de ascendencia de Medio Oriente que están en ambos partidos.

Todo esto tomó un giro más radical, al PRM contratar al ex-alcalde de la ciudad de Nueva York, Rudolph Giuliani, como un “asesor de seguridad”, con el propósito de ofertarle al electorado soluciones al estado delincuencial que cubre el territorio nacional. Giuliani ha sido descrito por el intelectual afroamericano Dr. Cornel West, como un “supremacista blanco”, por su política de mano dura contra la población afroamericana en la ciudad de Nueva York.

Este comportamiento de Abinader entra en contradicción con el comportamiento de hace aproximadamente un año, rechazando  la política racista del gobierno de Danilo en contra de los emigrantes haitianos, y los dominicanos y dominicanas de ascendencia haitiana. Esto marca un cambio de su discurso al contratar a Giuliani.

Parece tener acierto la creencia de que el candidato presidencial Abinader, en su afán de arrastrar votos de los sectores nacionalistas ortodoxos y de derecha, decidió sumarse  a la retórica xenofóbica.

En este momento, estos dos partidos “PLD” y “PRM”. no se acercan ni remotamente a sus originales de formación  política.  Según arroja un reciente estudio publicado por un grupo de élite  de promoción democrática: “Mientras estos partidos fueron fundados bajo visiones económicas muy distintas, dichas diferencias se han ido desvaneciendo con el tiempo, conforme el modelo económico estatal ha cambiado de un modelo de desarrollo por el estado, a un modelo que enfatiza las exportaciones y el turismo (UNDP 2005).  El resultado ha sido un brusco giro en el contenido ideológico de estos partidos. Hoy en día, la política de los principales partidos del país, se diferencian muy poco entre sí.

Pese a que algunos de los grupos de extrema de derecha en República Dominicana reciben un bajo porcentaje de votos en los conteos electorales, los mismos continúan acaparando  espacios considerables en los medios de comunicación.  Un ejemplo de esta afirmación lo constituye la incidencia que tiene el núcleo más retrógrado, de acentuado corte fascista, de ese sector:  la Fuerza Nacional Progresista (FNP) liderada por Mario Vinicio Castillo, vinculado a las ideas  y las acciones de ultra derecha desde la última etapa de la Era de Trujillo.  Podría afirmarse que se inscribe, el FNP, en el perfil ideológico de Donald Trump.

La connotada agencia norteamericana USAID, y otras agencias sin afán de lucro, han seleccionado a muchos líderes políticos de los partidos para un supuesto “entrenamiento democrático.”  Muchos altos líderes políticos dominicanos, igual que otras de la región, se han formado académicamente en universidades élites de los Estados Unidos, tales como  Ivy League, Harvard, Dartmouth, y Cambridge en el estado de Massachusetts. En el caso de Abinader, en Harvard.

Algunas condiciones ideológicas de la formación política de los más importantes partidos

Los orígenes del PRD se orientaron en el establecimiento de la democracia, contra la tiranía trujillista, sin responder a orientaciones ideológicas definidas.  Con el triunfo de la Revolución Cubana empezó a fijar posiciones de respaldo hasta que el gobierno de Juan Bosch (1962/1963) se colocó en la posición de   la  “izquierda democrática” del Caribe, como ocurrió con otras fuerzas en la región: APRA en Perú o COPEI en Venezuela.

El protagónico papel en la Revolución de Abril (1965) y la posterior incorporación a la socialdemocracia europea provocaron que lo que fue una tendencia, la  “izquierda democrática”, se convirtiera en una línea política partidaria durante la segunda mitad de la década 1960 y todas las décadas de 1970, 1980 y la primera mitad de 1990, cuando se dio un giro radical hacia el capital trasnacional, el manejo fondomonetarista y la implementación del neoliberalismo.

Lo mismo ocurrió en el PLD, fundado en 1973, como “izquierda democrática” hasta que en 1994 se colocó en el sector más conservador y principal responsable del establecimiento de la política neoliberal luego de su alianza con Joaquín Balaguer del Partido Reformista y Vinicio Castillo del FNP.

Mientras tanto, en el vecino Haití, que desde el derrocamiento del presidente  se ha caracterizado por la inestabilidad política, la ingobernabilidad y la profundización de la pobreza e indigencia como consecuencia del terremoto del 2010, los diferentes sectores no detienen sus movilizaciones, antes, durante y después del período post-electoral a causa de los evidentes fraudes y gigantescas acciones corruptas, en especial durante el gobierno derechista de Michel Martelly, bajo el amparo de los EE. UU.  Consignas de desobediencia civil, como: “no vamos a obedecer (en Kreyol “nou pap obeyi”), eran las más populares o las más usadas.

Ese escenario de movilizaciones populares se han dado en las últimas tres décadas  en la República Dominicana, porque ha predominado una mayor estabilidad política por el  manejo clientelar/asistencial de la pobreza vinculada a una alta corrupción y permisibilidad del delito. Eso ha permitido mayores niveles de control sobre demandas y reformas para la desmovilización popular, asegurar la dispersión e impedir la unidad.

Las alternativas se encuentran en un difícil momento

Al estar atrincherada la “poliarquía”, asimismo se han ido tornando más difíciles los avances para las fuerzas progresistas y populares de la izquierda en el país.  Desde hace años la Policía Nacional dominicana ha estado perpetrando ejecuciones extrajudiciales de activistas de los movimientos populares y otros manifestantes, como se hacía durante la guerra fría, golpes selectivos para desarticular dirigentes y líderes populares.

A eso se agrega que las fuerzas armadas dominicanas y el CESFRONT o guardia fronteriza (auspiciada por los Estados Unidos), están siendo utilizadas para disciplinar a los sectores laborales y reforzar el patrullaje en las comunidades de emigrantes haitianos. Todo eso parece indicar que el plan es evitar que pase a República Dominicana la ola de lucha haitiana, y minimizar demandas como la lucha contra la privatización de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), aumento general de salario, reivindicaciones territoriales (agua potable, alcantarillado sanitario, servicio de salud pública con calidad, etc.)

Por ejemplo,  el 8 de marzo de este año (2016), 70 organizaciones que demandaban el respeto a los derechos de la mujer marcharon en Santo Domingo a favor de los derechos de las trabajadoras sexuales, el aborto en los casos extremos de violación, incesto o malformaciones fetales, a favor de los colectivos LGBTI y las mujeres dominicanas de ascendencia haitiana.

Es importante destacar que en el panorama de las organizaciones políticas alternativas lejanas de los partidos tradicionales conservadores de República Dominicana, a pesar de su dispersión y visibles actitudes sectarias (a lo interno y entre éstas) como si se estuviera en el periodo de la Guerra Fría (1950/1980),  se concentran cada vez más en la participación  del proceso electoral en los últimos 20 años.

Por ejemplo, Guillermo Moreno del Partido Alianza País, un antiguo militante del Movimiento por el Socialismo (MPS) en los de 1980, ha participado en las últimas tres elecciones presidenciales (2008, 2012 y 2016), levantando como principal discurso la lucha contra la corrupción y la impunidad. La tasa de aceptación va creciendo lentamente. Se espera que en estas elecciones se coloque entre el 3% y el 5% de los resultados generales, logrando representaciones en los gobiernos locales y congresuales.  Las encuestas les dan entre 4% y 5%.

El haber logrado conformar la coalición “Alianza Electoral para el Cambio Democrático”  ha convertido a esta fuerza política en la corriente política progresista de mayor popularidad y menor tasa de rechazo en el marco de la postura política de centro/izquierda.  La misma está integrada por los movimientos: Fuerza de la Revolución (FR), Movimiento Patria para Todos, Propuesta Institucional Cristiana, Camina R.D. y Alianza Pais. Este conjunto de organizaciones se caracteriza por estar constituido por personas de clase media y pobres, fundamentalmente localizadas en el sector estudiantil, micro, pequeños y medianos empresarios, empleados públicos y privados, profesionales y profesores universitarios, entre otros.

Su discurso para las elecciones del 15 de mayo 2016 tiene como principales ejes la oposición al Estado y política neoliberal, cero tolerancia a la corrupción y la delincuencia; total institucionalidad del país bajo el estricto respeto a la Constitución y las leyes nacionales; revisión y adecuación de las políticas impositiva, el costo de la vida y mejorar la calidad de vida de la población; cambios fundamentales al sistema productivo nacional, la política del endeudamiento externo.

Respaldo a la lucha por un medio ambiente de calidad y protección de los recursos naturales y a la biodiversidad en el que se inscribe la demanda “Loma Miranda, Parque Nacional”, defensa de las áreas protegidas y contra la concesiones para explotaciones mineras y de las fuentes hídricas nacionales,  que incluye la activa participación de grupos de la sociedad civil, sacerdotes populares, organizaciones  populares y de izquierda.

Pero Moreno y la coalición que respalda su candidatura han mostrado posiciones conservadoras antes al matrimonio gay y a los derechos reproductivos de la mujer (exceptuando casos de violación, o cuando la salud de la mujer está en riesgo), de igual forma frente a los reclamos la comunidad haitiana, sus descendientes y las movilizaciones sociales y políticas que se desarrollan en el vecino país.

Sin embargo, en las boletas electorales figuran líderes sectoriales  como el médico Senén Caba, ferviente activista laboral;  el galardonado escritor Andrés L. Mateo, entre otros, candidatos a diputados, senadores y cargos municipales.

Otro agrupamiento político de centro izquierda,  con parecidas características de la Alianza Electoral para el Cambio Democrático, la Alianza por la Democracia (APD),  apoya a la presidencia de la República de  Minou Tavarez. Esta, a diferencia de Moreno, respalda al matrimonio gay, a los derechos reproductivos de la mujer y no establece alianza de segmentos de la iglesia cristiana. Se asegura que la fuerte personalidad de estos dirigentes políticos, que estuvieron vinculados al PLD, impide el pacto político electoral.

Se destaca en estos comicios la candidatura a diputado del líder dominico-haitiano: Jesús Núñez, quien encabeza la lucha de los trabajadores de la caña que reclaman  el pago de sus pensiones retenidas por la familia Vicini y el Estado dominicano. Núñez tiene en su contra una intensa campaña de discriminación racial y jornadas de violencia en contra de los inmigrantes y descendientes haitianas.

A Sergia Galván, muy conocida como una prominente feminista con nexos a las ONGs, Yesibon Reynoso pertenece al Colectivo Isleño, un joven activista dominico-haitiano. El PRM incluye en su nómina a candidatos a jóvenes de comunidad gay y el PLD un dominico-haitiano como alcalde de Santo Domingo Este.

Aunque hay muchos grupos positivos y con visión de futuro, las dinámicas de la poliarquía son claras: los partidos dominantes va a ganar las elecciones con facilidad, ya que los últimos sondeos para las elecciones así lo indican. En los sondeos Medina tiene un porcentaje de más de 50% de los probables votantes, y las encuestas sobre Abinader le dan un porcentaje en los treinta.

Mitos históricos e ideas socialmente construidas de la carrera de la jugada en la lógica de la clase dominante del establecimiento político Dominicano, que se anuncia como un estado “hispano”, divinamente inspirados para oponerse a la “africanidad”. Anuncios de la campaña electoral en Santiago (la segunda mayor ciudad del país) proclamar: “Somos Dominicanos”, lo que implica que los otros, los haitianos en medio de ellos, son extraños. Es un guión que juega perfectamente en las manos de las élites que tratan de dividir y gobernar. Será hasta la izquierda y las fuerzas progresistas para forjar nuevas formas transnacionales y transfronterizas de solidaridad y coordinación, para descomponer y reconocer las divisiones raciales, el patriarcado, el chauvinismo y la naturaleza de clase y estado poder. Cualquiera que entre los dos grandes partidos obtiene la victoria el 15 de mayo, poco va a cambiar en un futuro próximo con la poliarquía así intacta.

Para mantenerse apegado a su función de informar y difundir ideas encaminadas a la construcción de una sociedad más justa, elgrilldo.do se reserva el derecho de moderar todos los comentarios que se publiquen en su plataforma.En ese sentido no permitirá contenidos difamantorios, insultos personales, discriminación de ningún tipo, material pornográfico, publicidad ni cualquier otra falta a las normativas nacionales. Quien participe en el área de comentarios de elgrillo.do es responsable único de sus expresiones. Este periódico es esfuerzo al servicio de la colectividad.No permitiremos que particulares lo contaminen con violaciones a estos criterios de participació . La información es un derecho.

Jeb Sprage-Silgado

Autor de El Paramilitarismo y el Asalto a la Democracia en Haiti (Monthly Review, 2012) y otro libro pendiente de publicación, El Caribe y el Capitalismo Global.

El Grillo

Send this to a friend