El legítimo reclamo de unidad, por Gregorio Moya

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Hay un reclamo de unidad como posibilidad de producir los cambios que requiere la sociedad y el país. En los barrios y campos que estamos recorriendo los aliancistas nos encontramos con este reclamo. Y es que muchas personas, muchísimas, consideran que la unidad de la oposición es clave para producir el cambio político.

Pero este reclamo de unidad tiene distintas connotaciones. Unos plantean la pura y simple unidad para sacar al PLD del gobierno. Unos consideran que la alianza de toda la oposición, incluyendo con sectores de factura autoritaria y corrupta es solo una táctica para producir el cambio de gobierno. Cambiar el gobierno es el paso inmediato, obligado para destrabar la actual situación  e impedir que se consolide el dominio de un solo partido del Estado y la sociedad dominicana.

De ahí que, simplemente se propone como cuestión central el apoyo a la candidatura de Luis Abinader, porque sumarle a este candidato, sería la garantía del cambio de gobierno. Se plantea pactar este apoyo a través de un programa de gobierno de compromisos mínimos, que incluya posiciones en el Estado de los que apoyen al PRM. Este último aspecto es visto por muchos como central, con lo cual no se diferencia mucho con la repartidera de cargos, habitual de la cultura política de los partidos tradicionales.

Esta propuesta de suma a un partido y un candidato, que se convierte en eje de la oposición, porque el mismo tiene más fuerza y asegura el cambio de gobierno, desecha el camino de trillar una camino propio, independiente que posibilite que los sectores progresistas se apoyen en fuerzas propias, desarrollen bases sociales solidas y enraizadas en el pueblo, con su propio cariz.

El reclamo de unidad es legítimo para producir un cambio, no solamente para desplazar un partido por otro. No solo para cambiar quienes dirigen el Estado dominicano, ni los congresistas. Eso es lo que se ha hecho. Aparte de las libertades públicas, que se logró en 1978, en los aspectos esenciales, la sociedad dominicana ha marchado por el sendero que le han impuesto los sectores que desde 1966 han dominado el país.

En lo esencial, los partidos tradicionales, junto con los aparatos ideológicos del Estado, la prensa y la llamada sociedad civil no se apartan de la cantera impuesta que enajena el patrimonio nacional y social, que empobrece, envilece y aliena la sociedad y la población. Los partidos tradicionales se han beneficiado del la realidad imperante, sus dirigentes en sentido general se han enriquecido, a costa del Estado, y no han realizado cambios significativos en un país que todavía tienen rezagos fundamentales del desarrollo, y sobre todo que exhibe una inequidad social profunda, pese a la declaratoria de país de clase media que ha realizado el equipo económico del gobierno.

El reclamo de unidad del pueblo dominicano, que muchos sectores, amplísimos sectores de la población lo centran legítimamente en un cambio de gobierno es la respuesta espontanea a una realidad. Pero si hay una enseñanza fundamental es que debemos ir más allá de la respuesta espontánea, ir más allá del sentido común, y conducirnos por el buen sentido, con las herramientas que nos provee la reflexión organizada de los agrupamientos políticos.

El legítimo reclamo de unidad debe efectivamente convertirse en posibilidad de cambio. Espontáneamente podemos considerar que sumar partidos es lo que posibilitaría  el cambio de gobierno. Pero en términos fácticos lo que ha producido son esperpentos como el actual síndico de Santiago, con toda su corruptela e ineficacia.

Se puede trillar un camino propio, hacer camino al andar y hablar con nuestra propia voz.

 

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Gregorio Moya E.

El Grillo