Desigualdad electoral y parcialidad democrática

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En la realidad del mundo de hoy los sistemas electorales constituyen una de las columnas principales de la democracia, en tanto garantizan la participación, la representación y la gobernabilidad de la sociedad, pero de por sí solo un sistema electoral no es garantía de democracia y al analizar aunque a groso modo el sistema electoral de nuestro país podemos confirmar esto.

El sistema electoral en teoría debe garantizar la representación de todos los sectores sociales y corrientes ideológicas en los órganos de representación del Estado expresando así la voluntad de los electores que sería la voluntad de las mayorías que serán representadas por un tiempo determinado.

Los tomadores de decisiones del sistema

Las reglas de juego en un sistema electoral en democracia deben garantizar la equidad, la imparcialidad de los tomadores de decisión, la participación y la representatividad de la mayoría de sectores participantes, ¿se da esto en nuestro sistema electoral?

Nuestro sistema electoral se sustenta legalmente por una ley electoral, unos mandatos constitucionales que deben ser ejecutados por dos instituciones rectoras las cuales son: la Junta Central Electoral (JCE), encargada de administrar, montar y dirigir los procesos electorales así como manejar y auditar los fondos económicos que el Estado provee a los partidos políticos reconocidos por esta. El tribunal electoral encargado de lo contencioso en esta materia así como de conocer los procesos internos en los partidos, las impugnaciones a decisiones de la JCE entre otras.

Estas dos instituciones en teoría deben velar y garantizar la pluralidad, los derechos individuales de los actores y los derechos colectivos de las agrupaciones políticas del sistema, así como administrar justicia en los casos que se requieran, garantizar la participación y establecer los plazos y los protocolos de dicha participación, en teoría y resumiendo estos órganos frutos de la democracia son los garantes del derecho de elegir y ser elegidos derecho constitucional imprescindible en cualquier sistema medianamente democrático.

 

La no neutralidad de la democracia

La neutralidad de la democracia debe estar expresada en las reglas de juego, en la composición de las instituciones y en la cultura política que parta de las acciones directa de quienes dirigen.

En nuestro sistema electoral no existe el concepto de neutralidad este concepto no se expresa ni en el espíritu de la ley ni en su ejecución, no existe en la practicas de la JCE como tampoco en TSE, todo el sistema esta inteligentemente edificado para la perpetuidad en el poder de una histórica clase política dominante que ha gravitado en los últimos 50 años y que se han afianzado sus herederos en los últimos 20.

Si observamos la distribución de recursos que hace la JCE a los partidos para las elecciones  veremos la inequidad institucionalizada de una manera vulgar, basta ver que la ley electoral 275-97 establece: el financiamiento público, será igual a un medio por ciento (1/2%) de los ingresos nacionales en los años electorales y un cuarto por ciento (1­­/4%) en los años no electorales. Hasta ahí está bien; la inequidad se  refleja en la desproporción de la distribución: el 80% de los recursos se distribuye en partes iguales entre los partidos que hayan obtenido más de un 5% de los votos en las elecciones anteriores. Del 20% restante un 12% se divide en partes iguales para los partidos que alcanzaron menos del 5% en las elecciones previas y los partidos de nuevo reconocimiento, el 8% se distribuye en proporción a los votos validos obtenido por cada partido de los que no llegaron al 5%.

Partiendo del panorama electoral de los últimos años estos datos significan que de cada 1000 mil pesos que el Estado aporta para las campañas electorales 800 de estos se queda en tres partidos PLD, PRD, PRSC,  los restantes 200 pesos van a un arcoíris de unos 23 a 24 partidos, si eso es equidad o democracia que venga Dios y lo vea.

Qué partido minoritario o de nueva formación puede competir cuando la desigualdad en algo tan nodal como los recursos económicos es tan abismar, tan desproporcionada, como llegar a ese 5% de votos sin recursos, precisamente la idea y el espíritu de la ley es ese; imposibilitar el crecimiento; que el grande siga grande y el pequeño siga más pequeño, perpetuar la desigualdad para perpetuarse en el poder.

 

Qué decir del reconocimiento   

La inequidad y la barbarie hacen gala a la hora de que un grupo de ciudadanas y ciudadanos haciendo uso de un derecho universal deciden agruparse con el fin de participar en las elecciones y concurrir con una boleta propia, pues al margen de los preceptos constitucionales, mas allá de lo que la ley expresa y manda, mucho mas allá del sentido común la decisión de que usted y yo ejerzamos ese sagrado derecho descansa en la cúpula de una institución, cúpula por demás propuesta y apoya por los mismos que gobiernan y que se benefician de la inequidad y el absurdo que supone dicho proceso.

Pero esta parte la abordaremos con más profundidad y datos en una próxima entrega.

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Snayder Santana

El Grillo