Los 50

RELATO 02

 En el recodo del año 1950, me sorprende la vida estudiando en el Colegio Luis Muñoz Rivera y luego en la Escuela Normal Presidente Trujillo (hoy Liceo Juan Pablo Duarte), al final de la llamada Avenida José Trujillo Valdez (actual Avenida Duarte), único plantel público para los estudios secundarios en la capital. Después de cursar mis cursos de primaria en el Colegio Santa Teresita, con mis tías Lourdes y Minetta Roques, y con los profesores don Poncio y doña Amelia Sabater, republicanos españoles, y con los profesores Mangual, Carmen Landolfi, Nenita Marchena, Alicia Guerra, Mélida Cambero, Mercedes Durán y otros de pensamiento liberal y avanzado, me resistía a inscribirme para la secundaria en el Colegio La Salle, exclusivo centro de estudios para el grueso de los hijos de las familias acomodadas en la capital y el interior del país, y de los altos funcionarios del régimen.

Desde mi primera juventud, rechacé por instinto estos medios sociales. Mis primeras sólidas amistades, el despertar a la vida sexual, mis años como basquetbolista, los años como miembro de la exclusiva élite de pescadores sub-marinos, bajo la égida del legendario Antonio (Tony) Barreiro, el servicio militar obligatorio y los fines de semana en aventuras de tragos y camaradería, siempre en compañía de mi acompañante femenina del momento, marcaron los cambios radicales que se fueron dando en mi comportamiento social y en el mundo de esas primeras relaciones, como en aquellas primeras pasiones de juventud.

Así transcurrió el primer lustro de la década del 50, y los años posteriores, bien entrados ya los ecos del ejército rebelde en las estribaciones de la Sierra Maestra y demás escenarios de lucha en Cuba.

Combinaba aquella vida con una marcada e intensa inclinación a los estudios, tanto secundarios como universitarios, y con la rebeldía contra los cánones impuestos por la sociedad docente. En mi hogar, con mis padres y demás familiares que con frecuencia pasaban pequeñas temporadas en nuestro hogar, aprendí el amor al estudio y a los libros, lo cual, a pesar de mi permanente tendencia a la acción directa y al activismo, me han acicateado en los grandes esfuerzos intelectuales que todo militante de toda la vida se ve obligado a desarrollar.

Asdrubal Domínguez durante la primera manifestación estudiantil realizada luego de la caída de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo Molina.
Asdrubal Domínguez durante la primera manifestación estudiantil realizada luego de la caída de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo Molina.

Aquellos lejanos años son testigos de mi amistad con los mellizos José y Fernando Ravelo, Bartolo Duquela, Oscar González, Pichi Mella, Pilón Pacheco, Gustavo (Papi) Tolentino, Alfredo Ramírez Cabrera (Avivato), mis primos y amigos Eduardo y Fernando Houellemont, Nandito Díaz, Alfredo Contreras. Aquellos compañeros del “grupo de la pesca sub-marina”, como el inolvidable Antonio (Tony) Barreiro, Ramón (Cuco) Rodríguez Landestoy (general del ejército) y Xavier (Pichi) Mella Peña. Mis acompañantes de la época de “fiebrú” del básquet-ball, como eran Jaime Gómez, que compartía conmigo el “centro” de la selección nacional, Luis Rodríguez, Pierino Del Giudici, Ulises Lewis, Julio Prestol, Alfredo Asjana, (Pucho) Fiallo; los inolvidables Máximo Bernal y Virgilio Travieso Soto, mis principales instructores, primero en la Escuela Normal y luego en la selección nacional.

Asdrúbal Domínguez, fue el más sensible e inteligente de todos, a quien me unió una entrañable amistad de toda la vida, tanto en la época de la Escuela Normal Presidente Trujillo como en la Universidad y luego en la militancia antitrujillista y las grandes jornadas posteriores.

Asimismo, el singular (Payeyo) García Troncoso, con quien compartí inquietudes y sueños, hasta su trágica muerte en el año 1958, así como con Tomás Troncoso y Guillermo Santoni, compañero de estudios y de inquietudes científicas y políticas en los años que compartimos en la Universidad.

Abel Rodríguez del Orbe es otro amigo entrañable desde los finales de la tiranía hasta el día de hoy. Y con Miguel Cocco, ese singular ciudadano dominicano, compartí episodios sumamente importantes en la historia reciente del país, como lo son aquellos relacionados con la acción de los Comandos de la Resistencia (organización clandestina formada por Amaury Germán Aristy) y la incursión en territorio dominicano de Francis Caamaño y su posterior asesinato en las montañas de la Cordillera Central.

A Miguel, mi amigo y a quien conocía en la intimidad de su intensa vida, le propuse en varias ocasiones que escribiera sus memorias, en especial su afición a “los juegos del poder”, como una importante contribución para la historia reciente de nuestro país y como  instrucción para las nuevas generaciones.

Y de mi paso por los primeros ocho años en el Colegio Santa Teresita, conservo mi amistad hasta el día de hoy, con León Bosch, George Percibal, Carlos Obregón y Wilfredo Alonso, entre muchos otros que se me pierden en la bruma de los años.

Todas estas amistades han traspasado la barrera del tiempo. A pesar de las disimilitudes en la vida de muchos de ellos, con la que ha sido mi vocación desde los tempranos 1958 y 1959, no  hay uno sólo de estos eslabones o relaciones en mi vida, que no haya sobrevivido el paso de los años y décadas. ¡Creo en la amistad y en la relación entre los seres humanos que habitamos esta tierra! He hecho de la amistad una especie de religión, y sólo los pequeños de espíritu, los de vocación “enanista”, o los traidores, han sido apartados de mi afecto y corazón, dejándolos que habiten su mediocre e inútil “mundo”, sin preocuparme por ellos. Hacia todos los demás, conservo hoy un afecto y respeto que creo son mutuos, característicos de los episodios en los que estas relaciones se han desarrollado a lo largo y ancho de toda mi vida.


 

Este artículo forma parte de la serie Realtos,  basada en los capítulos del libro autobiográfico “Fidelio: Memorias de un revolucionario”, del dirigente político de izquierda Fidelio Despradel. Puede darle seguimiento a la serie completa a través de nuestra sección “Memorias de un revolucionario”.

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Fidelio Despradel

Dirigente político.

El Grillo

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