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Economías de enclave, o de las reales razones de nuestra pobreza

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Es común encontrar explicaciones simplistas a la pregunta de por qué somos una nación con altos niveles de pobreza: somos pobres por culpa de nuestra cultura, porque no tenemos disciplina ni ética de trabajo, etc. Más útiles e iluminadoras que estas explicaciones re-victimizadoras, son las que ofrece la economía política.

En ese sentido, habría que reconocer que parte de la razón se encuentra en el modelo económico dominante, que produce crecimiento sin reducción de pobreza. Si analizamos los sectores económicos que más han crecido en las últimas décadas en la República Dominicana (turismo, telecomunicaciones, zonas francas, minería, agricultura para la exportación) encontramos que:

  1. La mayoría de los beneficios generados los acaparan empresas extranjeras, sobre todo por los bajos niveles de impuestos que pagan al Estado. En el sector turístico, por ejemplo, la Ley 158-01 otorga exención del impuesto sobre la renta, impuestos de importación e ITBIS a las empresas hoteleras. Expertos como el economista Pavel Isa han analizado la perversión de estos esquemas, que podían justificarse cuando el turismo era una industria naciente, pero que se mantienen actualmente solo por la influencia política del empresariado turístico para mantener sus privilegios. Similares esquemas benefician a otros sectores, como zonas francas y minería. El resultado es que mientras en la Unión Europea y en los Estados Unidos los impuestos directos (sobre la renta y la propiedad) representan alrededor de un 16% del PIB, en la República Dominicana estos rondan un 5% del PIB[1], contribuyendo a una mayor desigualdad y una menor posibilidad del Estado de invertir en políticas sociales.
  1. Los vínculos de estos sectores con el resto de la economía nacional son pocos o débiles, es decir, tienen bajo encadenamiento con otras áreas productivas. Entre las razones están leyes como la 16-95 de Inversión Extranjera, que permite que las empresas foráneas puedan repatriar la totalidad del capital invertido, ganancias y dividendos, lo que deja al país sin ninguna garantía de que el éxito económico en un sector conlleve a inversiones en otros sectores. Están, además, las políticas de “libre mercado”, que facilitan la importación de insumos en lugar de promover su fabricación local; la dependencia de insumos importados se traduce en fuga de gran parte de los beneficios generados.
  1. La competitividad se basa, en gran parte, en bajos salarios. Crear otros tipos de atractivos económicos requiere de inversión y políticas estatales (por ejemplo, para aumentar el nivel educativo de la población trabajadora o para establecer centros de investigación y desarrollo tecnológico). En lugar de ello, el Estado dominicano ha buscado atraer inversión manteniendo salarios de miseria y reprimiendo la organización de las clases trabajadoras.
  1. Parten del despojo y privatización de tierras, recursos naturales y/o servicios públicos. Sectores como telecomunicaciones y energía son ejemplos de la privatización de servicios públicos en el país, mientras que el sector minero constituye uno de los casos más emblemáticos de despojo de tierras, fuentes de agua y recursos naturales a la población. Así como la historia del desarrollo azucarero pasó por el desalojo violento del campesinado, el desarrollo turístico ha pasado por la apropiación de terrenos por métodos irregulares y la “compra” a precios pírricos de las tierras a sus pobladores originales.
  1. Son sectores con cuestionable sostenibilidad a largo plazo. Las zonas francas enfrentan una competencia internacional cada vez mayor; muchos polos turísticos del país están en estancamiento o declive; mientras que el sector de servicios, que no genera divisas, ha crecido junto con el déficit de la balanza comercial nacional y el endeudamiento público.

Las características anteriores no son únicas de la República Dominicana, son típicas del modelo conocido como economía de enclave, en que capitales internacionales invierten en una actividad destinada primordialmente al mercado extranjero y sin integrarse al mercado local. El  concepto de enclave, elaborado por los académicos de las Teorías de la Dependencia a partir de la década de 1960, describe las relaciones económicas postcoloniales y explica por qué en los países “en vías de desarrollo” el prometido “desarrollo” no llega, sino que se perpetúan las condiciones de pobreza e injusticia económica.

A pesar de las promesas de “progreso” que generan, las inversiones bajo esquema de enclave no se traducen en un impulso económico extendido al resto del país, ni resultan en procesos de “upgrading” a actividades de mayor valor añadido. Ello requeriría de un marco institucional que regule esas inversiones para que deban encadenarse con otras áreas de producción nacional; para garantizar que reinviertan en el país parte de las ganancias acumuladas; para aumentar gradualmente los niveles de especialización y tecnologías; y para que cumplan con requisitos mínimos de dignidad laboral y regulación social y ambiental.

Políticas de este tipo cambiarían la naturaleza de enclave de estas actividades productivas y las convertiría en motores de un desarrollo económico nacional, auténtico y autónomo, pero su implementación requiere de un Estado que no esté al servicio de los intereses de las empresas multinacionales y de sus élites locales aliadas.

La clave del éxito de las economías de enclave en el país, desde las inversiones en ingenios azucareros que marcaron el inicio del desarrollo capitalista dominicano en el siglo XIX, hasta los “beach resorts” que actualmente colonizan nuestras costas, es que los capitales extranjeros han tenido y siguen teniendo más control e influencia sobre el Estado que el que tiene la ciudadanía dominicana. Esta influencia se ejerce a veces directamente, las más a través de organismos internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

La transformación económica del país requiere, por lo tanto, de la creación de un Estado al servicio del interés nacional, coherente e institucionalmente fuerte, capaz de enfrentar las presiones del capital internacional. Para ello hace falta un proyecto político nuevo, comprometido con la independencia económica dominicana, que promueva la transformación del modelo de desarrollo basado en economías de enclave -que nunca resolverán nuestra condición de pobreza- a un modelo de economía al servicio del bienestar socioeconómico de toda la población.

[1] Observatorio de Políticas Sociales, Boletín 18: “¿Qué ocurre con los ingresos del Estado?”. Abril 2011.

Foto: Altair Rodríguez.

  • Ballista Juan

    Creo que un proyecto político nuevo tiene que plantearse la ruptura revolucionaria del modelo de dominación…Como? Organizando estructuras de combate en cada región para llamar al levantamiento de un movimiento revolucionario…..Esa es la tarea que nos impone la historia….

  • Altair Rodríguez

    Muy válida la reflexión, me hace pensar en cómo las políticas neoliberales (que describe bien el artículo) llevan a escala nacional el modelo de economía de enclave (que originalmente se limitaba a sectores específicos como el azúcar, en el caso de RD)

  • porfirio rodriguez

    Una buena reflexión. El ultimo párrafo es el que quiero destacar..Para lograr esa transformación económica..”hace falta un proyecto político nuevo”,”comprometido con la independencia económica”… Eso era el PLD cuando lo fundo Juan Bosch… con mucha mística, decisión y disciplina…. Le tardo mas de 20 años llegar al poder.. y terminaron cooptados por el poder oligargico e impregnados o mejor dicho convertidos, en métodos y practicas, en unos balagueristas cualquiera (algunos opinan que peores).. No quiero desanimarte, pero hace falta mucho mas que una organización política nueva.. eso seria necesario, pero no suficiente… No tengo la respuesta… pero… sigan buscando sin dejar de luchar..

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