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Manuel Salazar: Se podrían construir avenidas de doble vía para unidad política

En este momento sobreabundan las propues­tas de unidad progresista y de izquierda. A las agrupaciones de izquierda o progresistas con varios años de existencia, se han sumado, con inusitada frecuencia, otras que se justifican en la necesidad de la unidad o aportarle al pueblo una opción  política  nueva.

Valorando las cosas en positivo, todas estas intenciones podrían estar señalando una tendencia al reagrupamiento en formatos nuevos de la militancia de izquierda o progresista que, por una que otra razón, se dispersó hasta llegar a la lamentable situación de hoy en que se cuentan más de 70 agrupaciones de niveles distintos de desarrollo.

¿Unidad o utilidad?  Una pregunta nada ociosa.

La  necesidad  de “ construir avenidas”. Una respuesta que surge de la experiencia.

El  concepto tradicional, dominante, explícito o implícito, en el trabajo por la unidad es el de que una fuerza y liderazgo se desarrolle, y desde una posición de fuerza  “jale” a su área de influencia a otros, o por lo menos logre el apoyo de estos.

Al PLD ese  modelo  le  dio  resultado. Se implantó, creció y luego ganó cualquier cantidad de adeptos y satélites.  La figura de un propagandista, organizador, gran escritor y por demás, expresidente de la República, como el profesor Juan Bosch, fue determinante para el éxito en un fase de ese partido.

Si ya ocurrió, puede volver a ocurrir y, aunque tenga mucho de una concepción caudillista, no hay que descartar esa línea.  Pero, habría que ver  cuánto de responsabilidad  tiene  esa   línea en  el  derrotero  ominoso y antidemocrático  que sigue el PLD desde hace muchos años. Fue un partido dominado por la personalidad del profesor Bosch, con poca o ninguna discusión para decidir líneas, y más aún, distanciado adrede del resto del movimiento.

Un partido que evadió siempre plantar cara directa a los temas esenciales que hacen de problemática nacional, que  hizo  del  Dr. Peña Gómez y el PRD su blanco principal y se refugió en un “moralismo” que lo separaba del resto del país, al decir de Franklin Almeyda.

Fue un partido que cuando habló de unidad  lo hizo  con   fines   utilitaristas, en  busca de algún provecho, o para obstruir otros procesos unitarios.  Se plantó en  el  “vengan a mi”,  y se consideró tan dechado de dignidad que asumió como indignos a los que no le apoyaran sin tener nada que reclamarle.

Por depender todo de Bosch, la suerte de ese partido estaría sujeta a las cuestiones de vida, y  de  muerte, de  su  jefe.  Fue solo cuestión de tiempo y de que entrara al imaginario de poder, para que las  inconsecuencias y la condición de mortales de sus afiliados  se  pusieran   a   flote  y   llegaran  al  nivel de  peligro de hoy.  “De aquellos vientos, son los lodos de hoy”.

Pero,  insisto,  ese esquema de unidad puede ser valorado.

No obstante, teniendo en cuenta la existencia de tantos grupos diciendo casi lo mismo, debería probarse una línea de “construir avenidas” entre estos, de idas y vueltas; de  doble vía. De la asunción en complementariedad de unos a los otros y de otros a los unos. De relaciones fluidas. De relaciones, con todo el rigor de esta palabra.  Construir la unidad, entre todos.

Recorrido en el que se podría avanzar en la construcción de un pensamiento e identidad comunes, aunque una sola figura destaque como portada y su voz, la más sonora: Pero; pero en todo caso, con más figuras que completen la portada, y más  cerebros  y    voces  construirían   el    pensamiento.

Más de 20 años en la búsqueda de la unidad, me afirman en esta metáfora de “construir avenidas”.  Podría reducir al mínimo el utilitarismo, la falta de transparencia, la deshonestidad y el engaño, todos los cuales los lo he sufrido en ese tiempo.

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El Grillo

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